Reflejos en una oscuridad sin esperanza.

«Nadie debería tener expectativas sobre nadie»

Es lo que dijiste mientras los leds aún producían sombras. Las luces blancas molestan nuestra vista y parece que también los sentimientos.

Te observo y pareces tener miedo. Por la noche hasta los reflejos están inquietos. Ellos esperan en ti, pero apuesto a que no entiendes como alguien puede confiarte algo tan valioso como el tiempo.

Una pequeña niña cae y llora, tú no necesitas sangrar para derramar lagrimas ¿verdad? Justo ahora puedo palpar la tristeza saliendo de tu mirada. Hay tanto que deseo preguntarte, pero, temo abatir esa paciencia.

Si tan solo se escuchara hasta aquí el sonido del mar  y pudiéramos llorar sin temor a ensuciar los trajes nuevos. Pero lo único que escucho es la horrible música de la ciudad.

Por un tiempo tus ecos me parecían patéticos, caminé un poco más y ahora siento tu mismo dolor de cabeza. «Treinta años son suficientes en esta tierra y ni los hermosos atardeceres compensarían el tener que esperar frente a tantos semáforos».

La pequeña niña ha dejado de quejarse, su madre ahora refleja tranquilidad. ¿Cómo nos verán en este instante los demás? ¿pensarán que somos solo dos tontos mudos con cara de preocupación? ¿se reflejara en nuestros rostros el temor al sol? ¿creerían lo que somos si se los contáramos? ¿les contagiaríamos nuestro terror o dirían que solo somos un par de locos sin hogar?.

Pronto será hora de descansar, pero tu no tienes sueño y yo no necesito ni una pesadilla más. Supongo que nos quedaremos aquí, en silencio, bajo los reflejos del cielo, esperando a que el uno sepa del otro esos verdaderos sentimientos, esperando a que la paz de la cual los inocentes escapan venga sobre nosotros, esperando como los seres más pacientes de la galaxia, esperando y tratando de arraigarnos a los recuerdos.

Simplemente esperando a convertirnos en un par de reflejos.

 

 

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