Los niños sí entienden.

-Así es pequeña tu tía Flor está aquí, puedes ver su nombre escrito en la placa.

-¿Allí dice tía Flor?

-Sí, ella ya no estará con nosotros. ¿Entiendes?

-Dime tío ¿y aquí quién está? (señalando a la placa de al lado)

-Mmm, pues, aquí está Lucia…

-Ohhh, ¿y aquí?

-Un señor llamado Ricardo Cordova

(10 minutos más tarde y 20 tumbas más lejos)

¿Y aquí también hay niños?

-Ya debemos irnos.

-Bien ¿cuando volvemos?

-Pronto.

-Bien, la próxima empezaremos por donde nos quedamos.

Tu me lo dijiste

Tu me lo dijiste un día ¿Me permites decírtelo esta vez? El mundo esta lleno de angustias ¿hay alguien que no lo pueda ver? Todos mueren un día ¿existe alguien sin ese saber? El cielo grita, las nubes lloran, el viento se queja en susurros y nosotros simplemente hacemos ¿lo mismo?

Así que por favor: no recorras las miradas buscando lastima, no te encierres en tus propias palabras.

Sobre la vida

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Quisiera que alguien pudiera decir sin mentirme que la vida no es difícil. Pero parece algo imposible. Porque resulta que la vida esta llena de largos suspiros que al ser tan consecutivos  te quebrantan el alma y lastiman al corazón. Trivialidades pueden quitar el sueño y angustias se llevan un poco de vida. Y  aquellos con poco valor al no soportarlo,  deciden abandonar.

Cuando observo a mi alrededor, veo a personas con vidas monótonas que, o no saben a donde van o no saben de donde vienen.  Simplemente hacen lo que les enseñaron que debían hacer, respirar para sobrevivir, llorar frente a la muerte y sonreír frente a otra sonrisa.

Y esa pregunta que todos se hacen un día: “¿Soy yo feliz?”.  Es curioso como las personas piensan por un instante antes de poder contestar.  Y sin importar la respuesta que den, saben que pronto esta puede cambiar.

No sé mucho de la vida y sé muy poco de las personas. Pero hay algo de lo que estoy muy segura, y es que no me importa si la vida es difícil, no me preocupa si he de morir un día, no me abate la idea de seguir derramando lágrimas en vano. Porque después de todo, no creo poder hacer mucho para evitarlo.

Claro que, existe algo que sí puedo hacer y es el no tener autocompasión nunca, sonreír incluso si no es frente a otra sonrisa, averiguar si voy por el camino correcto, recordar que la muerte no es el final de todo, pensar que las lágrimas no siempre son en vano y esperar a encontrar a alguien que sea capaz de decirme que la vida no es difícil, aun si se tata de una dulce mentira.

Nataly N.

Razón para sonreír #1

“Cada día mueren aproximadamente 150 mil personas”. 

Bueno, yo aún respiro (aunque con esta gripe es difícil) y tengo ese aliento de vida. Para mi, la mayor parte del tiempo, esa es suficiente razón como para amanecer con una pequeña sonrisa.

No es tiempo de morir

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 Y a mi corta edad ya he pensado mucho en la tristeza de la muerte, pero ¿morir? ¿yo? no lo creo.  Aún hay muchas cosas que debo hacer antes de ello. Demasiado importantes como para dejarlas a medias.

Aún no he visto la aurora boreal, no se lo que se siente tocar la fría nieve, no he fotografiado un amanecer, no he visitado Bangladesh, ni he predicado en la India, jamás he pronunciado ni una palabra en sueco, no he creado mi primer videotutorial, todavía no he visto Toy Story 3 en 3D, no he terminado de leer Las Mil y Una Noches, el manwha Orange Marmalade aún no termina de ser publicado y no he tenido la oportunidad de utilizar Skype.  No he encontrado a ni una persona  que comparta mi afición por fotografiar el cielo a diario. Todavía no tengo la oportunidad de ver a través del telescopio Hubble, así como  tampoco he descubierto una nueva estrella.  No se montar a caballo,  y aún no me he encontrado un billete de a $100 tirado en el suelo. Sigo sin aprender a tocar el violín, el piano y la guitarra acústica.

Todavía hay cartas que debo entregar, palabras que hasta hoy he rehusado a escribir, existen momentos que no he fotografiado y promesas que debo cumplir. Así como abrazos que no he dado y disculpas que debo aún.

En conclusión, no pienso morir sin antes haber hecho cada una de estas cosas y otras más que a diario añado.  Pero ¿y sí el tiempo me forzara a dejar está lista sin cumplir?, me lo he preguntado en ocasiones. No importa, después de todo… tengo una eternidad para pensar en la respuesta.